Dos terremotos consecutivos de gran magnitud sacuden Venezuela
Venezuela ha sufrido un doble terremoto de magnitud 7,2 y 7,5, según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS). Los seísmos se produjeron con menos de un minuto de diferencia y han afectado gravemente a la ciudad de Caracas y zonas colindantes. La presidenta interina, Delcy Rodríguez, ha informado el mismo día de los seísmos de que el número de muertes se ha incrementado de 32 a 164 y el de heridos de 700 a 971. Además, ha asegurado que el estado La Guaira, al norte de Caracas, es una "zona de desastre", y ha anunciado la activación de toda la red de salud pública y privada del país.
Actualización: a fecha 29 de junio, el número de muertos en total asciende a 1.450 y el de heridos a 3.150.
Equipos de rescate buscan entre los escombros en Caracas (Venezuela) tras los dos fuertes seísmos que han sacudido el oeste de la capital del país, dos terremotos, de magnitud 7,2 y 2,5 que tuvieron lugar alrededor en apenas 39 segundos. Autor: EFE/ Rayner Peña R.
Mark Allen - terremoto Caracas
Mark Allen
Professor in the Department of Earth Sciences at Durham University
Los dos terremotos que sacudieron Venezuela el 24/6/26 fueron inusuales por producirse en un intervalo de tiempo tan breve a esta escala: un seísmo de magnitud 7,2 fue seguido, tan solo 39 segundos después, por otro de magnitud 7,5. Sin embargo, es probable que el primer terremoto provocara la ruptura de un segmento de la falla y transfiriera la tensión a otra falla, que a su vez se rompió, provocando el segundo terremoto.
Los eventos parecen haber tenido lugar en el límite de la placa tectónica entre Sudamérica y el Caribe. Las placas se desplazan una junto a otra, lateralmente, en esta región, de forma similar a la falla de San Andrés en California.
Los epicentros parecen situarse a unas 100 millas al oeste de Caracas; independientemente del número de víctimas, unos terremotos más cercanos habrían sido más destructivos.
Existe riesgo de que se produzcan más terremotos (réplicas) en la región de Caracas: la capital venezolana se encuentra en una zona propensa a los terremotos, y es posible que las fallas locales se hayan visto sometidas a tensión por los eventos del 24/6/26.
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Beatriz Gaite Castrillo
Subdirección General de Vigilancia, Alerta y Estudios Geofísicos, Dirección General del Instituto Geográfico Nacional (IGN)
Los dos terremotos de Venezuela de magnitud 7,2 y 7,5 ocurrieron a las 10:04 de la noche UTC, seis de la tarde en Caracas, con una diferencia de 40 segundos y una separación espacial de 5 kilómetros entre ambos. Sus rupturas también son similares de tipo falla de cizalla y con hipocentros bastante superficiales, entre 10 y 20 km (según el USGS).
El daño que pueden causar este tipo de terremotos superficiales, de magnitud grande y seguidos en el tiempo es grande debido a la poca atenuación de las ondas sísmicas hasta llegar a la superficie y, por otro lado, a la acumulación de la vibración generada por ambos terremotos.
En la historia instrumental hay diferentes casos de terremotos dobles (doublets). El más parecido al actual es el de 1997 en Pakistán, con dos terremotos de magnitud 7,0 y 6,8 ocurridos con 19 segundos de diferencia. En España han ocurrido también terremotos seguidos en el tiempo y de magnitudes parecidas. Por ejemplo, en la serie sísmica de Granada de 2021 ocurrieron tres terremotos principales de magnitudes entre 4,1 y 4,3 en menos de 20 minutos, con intensidad V (IGN).
Tras cualquier terremoto sentido suelen ocurrir réplicas de menor magnitud que el ocurrido, pero también puede pasar, como en el caso de los terremotos de Venezuela o de Granada, que ocurran terremotos de la misma magnitud o, incluso, como en Lorca en 2011, que en menos de dos horas de un terremoto de magnitud 4,5 ocurra uno de magnitud 5,1. En este caso, el de 4,5 lo llamamos terremoto premonitor.
Tener un catálogo de terremotos permite conocer mejor cómo es la dinámica del planeta y estudiar la peligrosidad sísmica para realizar una planificación de construcción sismorresistente adecuada para cada territorio.
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Lucía Escudero Palencia
Investigadora predoctoral en el Departamento de Física de la Tierra y Astrofísica, Facultad de Ciencias Físicas, Universidad Complutense de Madrid
Maurizio Mattesini
Catedrático de Geofísica en el Departamento de Física de la Tierra y Astrofísica, Facultad de Ciencias Físicas, Universidad Complutense de Madrid
Los terremotos que han ocurrido en Venezuela el 24 de junio de 2026 (Mw 7,2 y 7,5, respectivamente, según el Servicio Geológico de Estados Unidos, USGS) ponen de manifiesto no solo la actividad sísmica de determinadas regiones del Caribe (debido al proceso de subducción en el límite entre la placa del Caribe y la placa Sudamericana), sino también el gran poder destructor de los terremotos. Los terremotos son sucesos naturales que no pueden evitarse, pero si tomar medidas para mitigar los daños que producen. Y estos terremotos han demostrado la importancia creciente de los Sistemas de Alerta Sísmica Temprana (SAST).
Aunque actualmente no es posible predecir un terremoto antes de que ocurra, los SAST permiten mitigar los efectos destructores de un terremoto y tomar medidas de precaución. Un SAST se basa en redes de estaciones sísmicas que envían datos en tiempo real-y permiten detectarlo en sus primeras fases —las ondas P (o primarias), más rápidas (~5,5 km/s) y de bajo potencial destructivo estimando su magnitud. Si esta supera un determinado umbral, el SAST emite una alerta temprana segundos antes de la llegada de las fases más dañinas, asociadas a las ondas S (o secundarias) y superficiales, caracterizadas por una menor velocidad (~3,5 km/s) pero responsables de la mayor parte del daño en superficie. El tiempo de que se dispone desde que se da la alerta suele ser de unos pocos segundos y, en algunos casos, puede llegar a cerca de un minuto. Aunque pueda parecer poco, diversos estudios han demostrado que es suficiente para que las personas se alejen de zonas peligrosas, se activen protocolos de emergencia, se detengan procesos industriales o se reduzca la velocidad de trenes y otros sistemas de transporte.
Estos sistemas ya funcionan en países como Japón, México, Taiwán o Estados Unidos, donde han demostrado su utilidad para reducir los daños que puedan ocasionar los terremotos. Además, desde 2010 la Universidad Complutense de Madrid comenzó los trabajos para estudiar la viabilidad de un SAST en la Región Ibero-Magrebí, una zona con una importante actividad sísmica y antecedentes de grandes terremotos, como el de Lisboa de 1755. En la actualidad el SAST funciona de forma experimental en la UCM, mostrando buenos resultados. Además, actualmente la Comunidad de Madrid financia un contrato de tesis específico para esta línea de investigación (Contratos Predoctorales en Formación PIPF-2024/COM-34266), orientado al estudio e implementación de QuakeUp, un innovador SAST basado en la estimación de las zonas de daño potencial ante la ocurrencia de un terremoto.
En el caso de Venezuela, numerosos usuarios recibieron alertas en sus teléfonos móviles Android antes de percibir el movimiento más intenso gracias al Android Earthquake Alerts System, desarrollado por Google. Este sistema se basa en redes de acelerómetros integrados en los teléfonos móviles que actúan como una red distribuida de sensores sísmicos y aplica el mismo principio físico que los SAST: para detectar las primeras fases de un terremoto y generar avisos en tiempo real.
Para algunos usuarios la alerta llegó apenas tres, cinco o diez segundos antes del temblor más fuerte. Sin embargo, ese breve margen de tiempo les sirvió para alejarse de ventanas u objetos peligrosos, buscar refugio o activar medidas de emergencia. De hecho, numerosos testimonios indican que estos avisos permitieron a algunas personas abandonar los edificios en los que se encontraban antes de que llegara la sacudida más intensa.
Los terremotos de Venezuela han demostrado que, aunque los terremotos no pueden evitarse ni predecirse, sí es posible reducir parte de sus consecuencias mediante sistemas capaces de detectar rápidamente el inicio del evento y alertar a la población. La incorporación de nuevas tecnologías, como las redes de teléfonos móviles utilizadas en este caso, amplía además las posibilidades de vigilancia y alerta, especialmente en regiones donde las redes sísmicas convencionales son más limitadas.